jueves, julio 07, 2005

Goldstein I

me matarán
no me importa
me matarán
me dispararán en la nuca
me da lo mismo
abajo el gran hermano
siempre lo matan a uno por la nuca
no me importa,
abajo el gran hermano...


Ya sabía yo que eso de crear un blog no era una buena idea. Antes, uno se dedicaba a escribir por aquí y por allá cosillas que iban surgiendo, alguna historia un poco absurda, algún cuento friki. En fin, sin agobios, cuando a uno le surgía algo, escribía.
Ahora no. Ahora resulta que uno se pasa una semana quemado y cada dos días salta alguien llamándote gandul y diciendo que oye, que a ver que pasa, que no escribes nas.

Total, estaba yo hace unos días bastante jartito de todo cuando me ofrecieron hacer una reunión plurifamiliar en mierdadeciudad. Vaya, no es que me entusiasme muchísimo la idea de meternos todos en una casa en pleno mes de julio, cuando los calores veraniegos desatan las más alegres discusiones. El caso es que por unos motivos y otros me embarqué en el viaje… uf, odio viajar en autobús. Al principio, vaya, pues como que no me importaba. Uno se subía, se dormía un ratito -el ratito iba de 5 a 7 horas, según te pille, y si es cuesta arriba más- se veía doctor doolittle por enésima vez y ale, te ibas de fiesta.

Ahora no. Ahora llegas a la estación preguntándote porque en el transporte público no conocen cosas tan normalitas como el aforo o el aire acondicionado. Llegas a la taquilla a resacarte el billete que compraste por Internet, te mira la mujer de dentro y te dice algo como tu viajas mucho ¿no?, sí, un poquito, pues te puedes sacar la tarjeta Alsa Plus, pues supongo, pues rellena esta hoja. Así te pasas unos minutillos sintiéndote más importante al tener una tarjeta Alsa Plus que suena a divino de la muerte, pero que cuando te la dan es un trozo de cartón con pinta de biodegradarse más rápido que una loncha de jamón york.

En fin, bajas a coger tu autobús, con tu billetito, tu mochilita y tu nueva tarjetita todo contento, cuando llegas a tu andén. Vaya. Ya me han vuelto a poner uno de refuerzo. En este momento tienes una regresión mental de esas en las que toda tu vida pasa delante de tus ojos. Más que toda tu vida, lo que pasan son esas miles de horas que has pasado en autobuses de refuerzo donde no te caben las piernas y el síndrome de la clase turista ni siquiera ha sido inventado. Por no hablar de cuando viajabas con resaca, uf. Total, que te subes con resignación y prometiéndote que no viajarás más en por lo menos… bueno, en un tiempo.

Empieza el viaje: Para variar, mi asiento está ocupado. Esto no debería tener mayor importancia, o se levanta el otro o te sientas tu, que gracias a dios no hay –todavía- overbooking, pero bueno, es lo de siempre.

-Oye perdona que mi asiento es el 2.

-Ya, el mío el 1 [me enseña el billete].

(Joder, pues levanta ¿no?)

En esto que me giro y pregunto al del asiento 1, -oye, ¿qué número tienes?- (a estas alturas estoy hecho un experto en recolocar a la gente en el sitio que le toca).

-El uno.

(Vale, por eso me enseñaba el tipo de antes su billete) –Ssstupendo- contesto yo.

Yo pensaba que la vena de la frente estaría palpitando, porque el del billete del 1 que estaba en mi asiento me dice que vale, que se cambia él. Ja, que iluso que soy. Me siento satisfecho de poder recuperar mi sitio y descubro que, al estar sentado en primera fila, el pie no cabe. Que cabrón, vaya 5 horas me esperan (sí, este es cuesta arriba, pero tarda “poquito”).

La conversación con mi compañero de cubículo me había parecido curiosa, así que yo le miraba con el rabillo del ojo intentando hacer un scanning de esos como en las películas. Algo me decía que pasaba algo, así que hice memoria de mis experiencias anteriores, pero no parecía ser guiri.

Empieza el trayecto, sueñecito de media hora, me despierto, y ahora qué? Cinco horas, dios. Pierna izquierda sobre pierna derecha, pierna derecha al pasillo, movimiento de rodilla… Pues nada, mientras sigo observando con el rabillo del ojo al de al lado… saca su móvil, mmm, se lo pone en la oreja, mmm, lo guarda. Debo tener un sentido de observación increíble, vamos, pero ese día no estaba yo muy espabilado… hasta que me fijo en su mochila. ONCE, joder, que va a ser ciego y yo cagándome antes por la geta que tenía con lo del billete, que chungo. Y efectivamente, paramos a mitad de camino y me dice que vamos, que no ve y que le ayude a salir de ahí. El tío llevaba ya un buen rato allí subido, así que si yo estaba por cortarme las piernas, no me quiero imaginar como estaría él (bueno, no es que me lo imaginase, es que lo sabía).

Total, nos fuimos a mear juntos, le compré comida, me contó que jugaba al futbol, que estudiaba no me acuerdo bien qué, va, me hizo reconciliarme con el colectivo. Mientras, recordaba un episodio de hacia unos años… iba por Madrid caminando cuando en una esquina llena de coches me encontré a un ciego. En un ataque de esos de civismo que todos tenemos de vez en cuando dije, venga Neikos, vamos a ayudarle. Así que ni corto ni perezoso me acerqué y le dije algo como oiga quiere que le ayude a cruzar? ¡Bua!, no me miró con cara de mala ostia porque no me miraba, pero poco le faltó para mandarme a la mierda el tio borde. Desde entonces cuando veía a un ciego por la calle me apartaba corriendo… pero desde el otro día, todo vuelve a ser bonito.

El viaje continuaba sin muchos incidentes… eso sí, estaba cansaito y no me apetecía mucho hablar, así que hice como que me dormía bostezando mucho, cerrando los ojos y mirando el techo. La verdad es que viajar en autobús da para mucho, no solo para aquellos que han jugado tantas veces al tetris, sino por la de cosas que pasan allí. Recuerdo una vez que me piré de vacaciones sin que nadie supiese que me iba ese día. Iba pensando en que si me pasase algo, nadie se enteraría… total, era de noche y estábamos viendo límite vertical, que es una película de escaladores en la que solo en los primeros cinco minutos se despeñan tres tipos Vamos, de esas que se mueren a puñaos. En esto que veo una luz de frente (inciso: íbamos por una autovía), alguien de delante grita y la niña que estaba sentada a mi lado me agarra del brazo (digo yo que un acto reflejo como el de agarrarte al mini asa del techo de los coches cuando te vas a piñar)… vaya –pensé- ¿qué hace ese viniendo de frente? Estabamos adelantando un camión y por nuestro carril venía algún flipao jugando a historias del kronen. ¿Sabeis eso que dicen que cuando vas a morir te pasa por delante toda tu vida? Pues mentira, a mi lo único que me pasó por la cabeza fue un “mi má, vaya pijostio que nos viene”. Efectivamente nos estampamos pero no nos pasó como al meñique y todo acabó más o menos bien... bueno, el coche del amiguete se quedó como recuerdo para la posteridad, pero ni siquiera al otro le pasó demasiado. La verdad es que nunca conocí a más gente en un viaje que ese día, jeje, nos pararon en un bar a medio camino y todo el mundo se puso a contar sus historias.

8 comentarios:

ascar dijo...

Y el del coche suicida, ¿que historia contó?, seguro que era la más interesante.
Como cambian las relaciones entre personas cuando hay una desgracia en común....que bonito....porque al del coche lo machacasteis, ¿verdad?.

anonimo dijo...

Parece que Edo ha desenmascarado a neikos. Pobre neikos.
Podeis verlo en:
http://edobrotetierno.blogspot.com/

una Prima de Neikos dijo...

jajja, vaya una vida entretenida la tuya, qué grandes viajes. Mis historias de autobuses son mucho más calmadas (salvo quizás las de volver de Almería por la noche tentando a la muerte a la altura de Despeñaperros con un conductor enzarpado y suicida, pero aparte de la adrenalina y de las caras de espanto de los viajeros no hay mucho que destacar), al menos en este país, que por ahí fuera son todavía más borricos. Qué horror, me están viniendo a la cabeza carreteras lejanas, volantazos, angustia, familias grotescas... ufff, olvidemos todo esto :S

BB dijo...

El servicio nacional de metereología pronostica que el 22 de julio densas nieblas de origen desconocido cubrirán el cielo de Ciudad Inmunda... AENA teme que se colapse, una vez más, el Anti-Aeropuerto...

Neikos dijo...

El del coche suicida no podía salir, pero no por la ostia en sí, sino por lo mamao qe iba el cabrón.
Había gente en el autobus que, incluso, le excusaba y decía que no era tan raro meterse en dirección contraria ^^ Por otro lado, la que pegó el grito se bajó pq quería meterle dos yoyas al menda.

En cuanto a las nieblas... ya me veo yo amenizando en el atlántico :P

Meg dijo...

Hola, Neikos, muchísimas gracias por tu indicación sobre cómo poner enlaces a otros sitios, eres de los primeros en la lista, porque ¡¡lo he conseguido!!.

Te debo un café.

Skyzos dijo...

Yo sólo puedo decir que, lo más estrafalario que me pasó en una estación de autobuses fue que se me acercara una ancianita de postal y me pidiera 50 céntimos para el billete del bus... A cambio me dio un consejo, que me cambiase el peinado (llevo cresta) porque al gallo se lo van a comer las gallinas, y a mí me iban a apalear las putas y los maricones que había allí en ese momento... Uno de los dos requisitos no lo cumplía, y sigo sin cobrar por practicar sexo...

Anónimo dijo...

jejeje, menudas historias las tuyas. Me las estoy chupando hoy casi todas,lo que hace el aburrimiento!!.La tia del brazo, se sincero, fue un ligue del momento en plan speed,momento de tensión sexual, momento de ...., bueno dejemoslo en la imaginación de los demás.
Mis viajes son muy aborridos, lo único de terror que me suele ocurrir es que me toque el pesao de turno roncador insaciable, que despierta en mi mis instintos asesinos, por lo demás to muy normalito.:P